miércoles, 9 de enero de 2019

Comunicación

Luisa R. Novelúa



Había conseguido sorprenderlos. No esperaban que los Reyes Magos se acordasen también de ellos. Su cruce de miradas se dirigió a Julián, que los observaba expectante sin haber abierto aún sus regalos. Era evidente que no sabían qué decir, ni si debían decir algo.

El paquete que sostenía su madre, con los dos nombres escritos con caligrafía infantil, guardaba un objeto mágico. Julián había oído hablar de él en televisión, en uno de esos aburridos programas que veía su madre durante horas, las mismas que pasaba su padre frente al ordenador. Así se lo había explicado a su tía Elena, su cómplice. Tenía muy claro que si había evitado guerras, su teléfono rojo también impediría una separación.



1 comentario:

  1. Tocas de manera sutil y elegante la dura realidad de aquellas parejas que perdieron la magia del amor y avanzan (por consecuencia) rumbo a la separación, mientras sus hijos resultan los más golpeados con esta difícil coyuntura.
    En tu obra, el personaje principal no solo es el niño, tácitamente también lo son su inocencia y su esperanza, pues él (en complicidad con su tía) deposita en un teléfono rojo (obsequiado a sus padres en nombre de los Reyes Magos) toda esa fe que mueve montañas y que él (está seguro) hará el milagro de liberar a su familia de la inminente separación. Pues, ese mismo fono rojo tiene la experiencia de salvar millones de personas (como lo atestiguan las películas de ficción)… ¿Por qué entonces no podría proteger a sus padres (del divorcio) si solo son dos?
    Has creado una belleza de obra con un final abierto, al cual quiero pensar (porque le tomé cariño y también le tengo fe) que en la hipotética continuación de esta historia, el regalo de los Reyes Magos sí funcionó.
    Te agradezco por compartir tu arte.
    Y me despido reiterando mi admiración por tu talento.

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