miércoles, 22 de marzo de 2017

Cadena Perpetua

Luisa R. Novelúa

Qué fácil es empuñar la pluma y perpetrar con ella crímenes, humillaciones, heridas purulentas provocadas por amores no correspondidos. Y todo, para alcanzar la gloria literaria. Pudiste crearme apuesto y, sin embargo, me engendraste deforme; no te hubiese costado nada describir a una madre cariñosa y a una familia protectora que me guiase hasta convertirme en un hombre amado y de provecho, pero preferiste ensañarte con mi desgracia para denunciar las injusticias de la misma sociedad que te admira y acudirá en masa a tu funeral. A ti te espera el Panteón de franceses ilustres. Yo estoy condenado a trepar por las torres de esta catedral mientras quede un solo lector dispuesto a leer tu historia. Mi historia.

lunes, 9 de enero de 2017

Sin explicaciones

Luisa R. Novelúa

Una bola de pelo gigante la arrolló por sorpresa, a traición, cuando en su vida ya no quedaban páginas en blanco. Tras la correa que arrastraba por el sendero tapizado de otoño, un hombre atildado la miró desde su atalaya de presunción mientras intentaba retomar el control de la perra, que se resistía como si huyese de un anuncio publicitario para zambullirse en el mundo real.

La samoyedo le demostró así amor a primera vista, como el que sintió ella por Miki, la gata de pocas semanas que rescató de un contenedor. Por eso no hicieron falta explicaciones. Ni en esa ocasión, ni en las siguientes, cada vez más frecuentes a media que sus esporádicos paseos por el parque se fueron adaptando a la rutina canina.

Aún no entendía por qué un domingo los invitó a subir al caos de su casa, ni por qué dudó el día que él le propuso quedarse para siempre. Quizá fue por la fragancia de mimosas que reptó hasta su ventana para advertirle del peligro de las especies invasoras. Pero Miki decidió por ella cuando se ovilló al calor de aquel gran peluche blanco. A veces, para sobrevivir había que arriesgar.



jueves, 8 de diciembre de 2016

Educación infantil

Luisa R. Novelúa

Adrián vivía en una nube de algodón de azúcar. Su madre le regalaba besos con olor a vainilla; de los bolsillos del batín del abuelo brotaban caramelos de tofe envueltos en papel de celofán; y la sonrisa de la tía Marta era tan dulce como las gominolas que le indicaban el camino hacia un nuevo juguete.

Pero todo cambió el día en que lo abandonaron en aquella casa extraña. Aún recordaba el primer tirón de pelo, los empujones, las peleas por las chocolatinas. Y, lo que es peor, seguía sin entender por qué le obligaban a volver allí cada mañana.

sábado, 5 de noviembre de 2016

El inquilino

Luisa R. Novelúa 

Una nube se enfrenta al sol prepotente. En lugar de la exploradora que precede al ejército, parece un ave desorientada que ha perdido el rumbo de su bandada. Su sombra mitiga por unos minutos el calor que aplasta a Manuel contra el asfalto. El anciano cierra los ojos para sentir la brisa cargada de olores, a candil de gas, a queso curado, a hierba recién segada; y de sonidos, el de las gotas de lluvia rebotando entre las hojas de los robles, el del primer canto del cuco en abril, el de palabras que ningún otro idioma puede traducir. Todo aquello de lo que huyó.

Cuánto le gustaría subir a esa nube para regresar a casa. Sin embargo, cuando el cielo vuelve a despejarse siente las raíces que le amarran con fuerza a esta nueva tierra, las de la mujer que conoció aquí, las de los hijos y nietos extraños a sus orígenes, las del bienestar que superó sus sueños. Y aun así, sesenta años después sabe, como el primer día en que llegó cargado de ilusiones e incertidumbres, que su lugar siempre será otro.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Miradas

Luisa R. Novelúa
La abeja correteaba por su brazo con la urgencia de quien tiene mucho que hacer. Atraída quizá por el olor de la crema de protección solar, parecía haber encontrado un mar de néctar en la piel pecosa de Andrea.

Ella se limitaba a observar al insecto con la atención de un apicultor, como había visto hacer tantas veces a su padre cuando permanecía horas apostado frente a alguna de las colmenas, ajeno a la mirada fascinada de su hija.

Todavía se preguntaba, después de tantos años, qué pasaba por la cabeza de aquel hombre hermético al que nunca había dejado de querer, a pesar de estar siempre ausente, incluso cuando aún vivía con ellos.

Tal vez él también quería huir, sin saber muy bien por qué, y entendiese mejor que nadie su deseo de que aquella abeja libase el dolor que supuraba por los poros, con la esperanza de que quedase sellado para siempre en las casillas del olvido.

De repente, quiso sentir el picotazo del aguijón y que el veneno actuase de analgésico. Sin embargo, la mano quedó suspendida en el aire, como si alguien la hubiese sujetado con fuerza para evitar el aplastamiento. Escondido detrás de la vegetación, su hijo la espiaba. No sabía cuánto tiempo llevaría observándola, pero cuando lo descubrió, la abeja voló.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Llamará dos veces

Luisa R. Novelúa

Le mancha los dedos de harina al entregarle la carta certificada, después de haberle recomendado la película que emiten esta noche en televisión. No parece muy entendido en cine. En indirectas, tampoco. Pero el título le ha hecho gracia y cierra la puerta con una sonrisa, como si memorizase el canal y la hora, mientras ella sueña ya con el próximo envío postal.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Por el futuro

Luisa R. Novelúa
La mirada de la abuela Carmen se asoma a sus ojos verdes como si quisiese ser testigo de la concentración de tractores que colapsa la ciudad. No es la primera vez que se cuela en su vida sin avisar, y no se sorprende.

Aunque apenas la recuerda, siempre le han dicho que es la nieta que más se le parece, la que camina con paso firme cuando quiere marcar su territorio; la única que sabe interpretar las señales más sutiles, como si tuviese el don de la clarividencia.

Si alguien del pasado la observase ahora, vería a la mujer joven que fue Carmen al frente de la manifestación, exhortando con un megáfono a los cientos de ganaderos que la siguen para defender la supervivencia de sus granjas. Y de su manera de ser y de entender, también.

Muchos dirán que es el milagro de la genética. Pero ella siente cómo su abuela, que afrontó las penurias de la posguerra para criar sola a cinco hijos, ya la adivinó con orgullo en su futuro.