domingo, 10 de abril de 2016

Lágrimas de San Lorenzo

Luisa R. Novelúa

Recorre la constelación de Perseo con el mismo alborozo infantil que la henchía cuando chapoteaba en cualquier charco diseñado por el aguacero. Pierde la noción del tiempo y del espacio, y se aferra al deseo que ha conseguido colgarse de la cola del cometa. Su anhelo se cumple al convertirla en una de esas estrellas que cruza el firmamento sin que nadie le indique la trayectoria que debe seguir, ni cuándo aparecer o en qué lugar apagarse. Hermosa, pero fugaz.

Una ligera presión en la mano la trae de regreso a la Tierra, al descampado donde están tumbados con la única compañía de una orquesta de grillos. Es un gesto tierno y cómplice. Intuye que la está mirando, pero no vuelve la cabeza. Siente el calor húmedo de una lágrima que resbala por su sien. Pero cómo explicarle que no es de felicidad, que lo que fue, ya no es.

lunes, 21 de marzo de 2016

Autoengaño

Luisa R. Novelúa
Las palabras que ha aprendido por la noche durante las largas esperas caen en el saco roto de Morfeo, que va sembrándolas en su deambular caprichoso por los sueños. Quizá por eso casi nunca las encuentra a la mañana siguiente, como si no hubiesen existido, y solo la asaltan cuando, tras haber germinado, van ocupando tanto espacio que invaden sus pesadillas.

sábado, 20 de febrero de 2016

Caso sobreseído

Luisa R. Novelúa
Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad, y uno de los más demandados por su discreción, cuando lo detuvieron por tráfico de cocaína.

En el sumario se le señaló como el capo de una organización criminal con ramificaciones en todos los estamentos de la sociedad, oculto detrás de una actividad legal. 

Pero él siempre defendió su inocencia y, para demostrar su integridad, anunció que en el juicio se negaría a responder si le preguntaban por alguno de sus clientes. Su ética profesional se lo impedía.

lunes, 1 de febrero de 2016

El escenario del crimen

Luisa R. Novelúa

Subir de nuevo a la habitación, curiosear entre las fotografías enmarcadas, acariciar la ropa interior en el cajón de la cómoda, guardase en el bolsillo uno de sus pendientes. Había sido un error tras otro. No podía explicar por qué lo había hecho. Pero no se arrepentía. De eso, tampoco.

lunes, 18 de enero de 2016

Lluvia

Luisa R. Novelúa
Pero nunca, sin saber bien por qué, dejarán de mirar hacia arriba. Quizá para evadirse, o para meditar. Tal vez para alimentar las raíces que los anclen al presente o, muy al contrario, invocar recuerdos difuminados, edulcorados, agigantados. O puede que todo sea más sencillo y solo se deba a la fuerza de la costumbre, o mucho más complejo y sigan echándola de menos, a ella también.

lunes, 21 de diciembre de 2015

León y Ana

Luisa R. Novelúa
Como sombras disipadas por sombras disipadas deun nuevo amanecer, las volutas de humo anuncian a lo lejos la inconsistencia de la vida. Llena de remordimientos, se restriega las manos contra el vestido mientras aguarda el final de una angustia insoportable.

Cuando se siente ya bajo las ruedas, una fuerza inesperada le impide arrojarse a las vías. Sin embargo, nadie la ha sujetado. La estación está casi desierta. Solo ha visto, encogido en un banco, a un viejo de aspecto moribundo que la mira con ojos vidriosos, como si la estuviese soñando y hubiera decidido salvarla de su trágico destino.

martes, 8 de diciembre de 2015

Solas

Luisa R. Novelúa

Las besa con suma conciencia para no equivocarse de nuevo. Sin embargo, tampoco reaccionan. Decepcionada, sale de la habitación y las deja a oscuras, aunque es ella la que se siente castigada. Mientras deambula por la casa vacía, atenta a la puerta del recibidor, se pregunta qué ha hecho mal esta vez, por qué Blancanieves sigue hechizada. Y la rana y ella, también.