lunes, 17 de noviembre de 2014

Eran multitud

Luisa R. Novelúa

Empezó a pensar en un nuevo teorema que calculase la energía necesaria para atraer un cuerpo que se aleja. Las matemáticas nunca habían sido su fuerte, pero con motivación podría superar cualquier carencia.

Fue así, con mucha perseverancia, cómo aplicó el principio de Arquímedes sin derramar una sola gota de agua de la bañera para que todo pareciese un accidente. Y aunque a Pitágoras le agradecía la facilidad con la que había accedido a la vivienda del vecino por una de las ventanas, María debería saber, después de tantos años juntos, que a él nunca le habían gustado los triángulos.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La nariz

Luisa R. Novelúa

El muñeco fue el primero en cerrar los ojos porque intuyó lo que iba a suceder. Los demás lo hicieron cuando la escena empezó a incomodarlos y después se fueron marchando en silencio. En el caso de que los llamasen a declarar, negarían haber sido cómplices por omisión. Pero él sabía que era el único que no saldría indemne de la mentira.
                             

lunes, 20 de octubre de 2014

Temporal

Luisa R. Novelúa

Esperó a dormirse y soñó con otra Navidad, sin luces multicolores, ni villancicos enlatados, ni papanoeles o Reyes Magos repartiendo juguetes, y sin los buenos deseos, tan efímeros como la estrella más fugaz, que le martilleaban hasta el aturdimiento.

Pero cuando despertó, el sosiego se transformó en pesadilla. Aún no sabía si ese año también la contratarían para las rebajas de invierno.

lunes, 13 de octubre de 2014

Mala conciencia

Luisa R. Novelúa

Recluida en el pozo seco, pronto se callará el recuerdo de la risa cantarina con la que nos recibía en su casa y del olor a pan recién hecho que nos despertaba en la habitación sencilla y luminosa de la que ahora solo quedan escombros.

Aún siento el apretón de manos en nuestra precipitada despedida. Su mirada, cargada de preguntas que no fui capaz de contestar, me persigue desde entonces entre el caos y el pánico. Dónde voy a enterrar las respuestas que nunca imaginé. Y cómo olvidar el dolor que dejo atrás mientras Manuel me guía hacia la escalerilla del avión.

lunes, 6 de octubre de 2014

Amanecer

Luisa R. Novelúa

Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer y más rosa aún el color de sus mejillas, se mofa Alfonso de mí. Los demás le ríen la gracia y asienten cuando me dice que me coloque bien el audífono.

Pero qué sabrá este resabiado. De poco le debe de servir tanta experiencia si es incapaz de percibir el aroma que ella deja a su paso para inspirarme, y si no entiende que ahora solo me interesa sorprenderla, como cada día desde que decidí brillar en su clase de literatura.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Viuda

L. Novelúa
―Deberías airearte un poco ―dijo la abuela sin mirar a nadie mientras recogía los platos. 

El desconcierto consiguió acallarlos, y aún seguían en silencio cuando regresó con el café y la mirada ausente.

Todos se sentían aludidos y avergonzados. Ironías, reproches, acusaciones. Cada uno tenía algo de qué arrepentirse. Sin embargo, ella seguía ensimismada, como si la acalorada discusión no hubiese arruinado la cena que los había reunido por primera vez en muchos años.

Se le parecían tanto, que era como si él todavía estuviese allí. Por eso, en cuanto se marchasen, cerraría puerta y ventanas para quedarse sola, al fin.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Nos vamos de boda

L. R. G. Novelúa

Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo, que acaba cayéndole en greñas sobre los hombros. Él intenta hacerse el nudo de la corbata siguiendo las instrucciones de un vídeo en internet. El niño aprovecha el revuelo que hay en casa para preparar un cóctel de pastillas de colores similar al que toma la abuela cada mañana. La niña me abre la puerta con sonrisa traviesa. Y yo, por primera vez, bajo solo a la calle.